viernes, 31 de agosto de 2007

Dialogo entre Martín de 10 años y Juan de 26.


Martín: ¿Batman es un murciélago o un vampiro?

Juan: Batman es el hombre murciélago…

M: Dracula entonces es el vampiro, ¿ no ?

J: Si.

M: Entonces los vampiros son los malos y los murciélagos los buenos porque no le chupan la sangre a la gente.

J: Ninguno de los dos les chupa la sangre a las personas. Son animales un poco distintos nada mas.

M: Pero Dracula si le chupa la sangre a las personas y Batman no.

J: Si, pero ellos no existen, son personajes de ficción, entendes. Batman defiende al bien de la humanidad y Dracula por lo general mataba a las putas y los ladrones.

M: Y las putas y los ladrones ¿son malos?

J: Depende, robar está mal y prostituirse es un trabajo peligroso por la salud y el peligro de todas las enfermedades que hay dando vuelta como el sida y otras más que si no te cuidas te pueden llegar a matar, pero no se si son malos o no los que lo hacen.

M: haaaa, y Dracula era inmortal ¿no?

J: si, solamente se lo podía matar con una estaca en el corazón o alejarlo con ajo, agua bendita y una cruz.

M: El sida se contagia por la sangre, ¿no tío?

J: Si pero vos todavía sos muy chiquito para andar preguntando esas cosas.

M: ¿ Puedo preguntar una cosa mas?

J: Dale, pero la ultima que si tu mamá nos escucha hablar así me va a venir a matar.

M: ¿Qué pasaría si Dracula mordiera a una mujer con sida, se contagiaría y dejaría de ser inmortal o no le pasa nada?

Juan no supo que decirle. Se rió un poco, acaricio la cabeza de su sobrino y simulo una lucha de las que siempre hacían donde al final se dejaba ganar, después se fue a la facultad sorprendido de cómo vienen los chicos en estos tiempos tan diferentes a los suyos, y por adentro se sintió un poco mas viejo que de costumbre.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Vuelta atras

Todo parecía normal, juntarse a conversar un rato después de un encuentro casual.
Hacia como tres años que no se veían y como la relación no había terminado del todo bien no era mala idea recomponer livianamente un vínculo del pasado, una cadena rota del ayer. Ella se entero algunas cosas suyas, como por ejemplo que cambio varias veces de novia y una de auto, que ya no veía tanto cine ni visitaba los museos del centro y que por fin se vestía como debía a su edad. Por su parte él supo que ella se había casado con un tipo que revoloteaba por ahí cuando eran novios, que había tenido una nena hermosa y ahora vivía en un departamento en Palermo cerca del Zoológico. Todas informaciones supuestas, porque no hablaron de nada de aquello para confirmarlo, era demasiado pronto todavía. Ella saludo demasiado cordial aquella tarde, con uno de esos besos cercanos a la comisura de los labios que deja una intriga pendiente, una sutil carga que hace mas dulce el día.
Su jornada de trabajo se arruino con aquel encuentro. Recordó aquellos viejos tiempos, las cosas lindas que tenían y de las que en su momento se había enamorado, su cuerpo desnudo y mas tarde hizo su aparición todo lo malo, las nuevas personas en la vida de ella, las peleas innecesarias y las discusiones con su suegra, una mujer egoísta y perversa que trataba todo el tiempo de lavarle el cerebro a su hija con el afán de retenerla mediante absurdas idioteces. Dejo de pensar, era demasiado desagradable aquella mujer arrugada y sombría caminado en batón por la casa, lanzando órdenes y proclamándose a si misma como la soberana mayor de su pequeño universo.
Comenzaron a verse de nuevo una tarde de sábado y reanudaron el noviazgo en un cine o quizá un museo sellando el pacto con un beso. A él le pareció curioso que ella no contara nada de su vida, nada de lo que le había ocurrido en esos tres años, no pregunto demasiado tampoco, considerando que debía ir de a poco. Reconstruir una relación cuando el tiempo transcurrido es tan grande puede ser un asunto muy delicado y dificultoso, además después de todo seguía enganchado con ella y hasta un poco arrepentido de haberla dejado en su momento.
Tres semanas después ella cumplía años y lo invito a su casa junto a algunos amigos que no conocía demasiado bien de la misma época en que andaban mal, acepto contento, hasta que luego se entero que también podría llegar a estar su suegra y tuvo que disimular el desencanto como pudo:

- Está bien, no hay problema, igual algún día se tiene que enterar de que volvimos a estar juntos…-

Ese jueves nublado y frió él se levanto con dolor de panza, mientras imaginaba como a la noche la fiesta esperaba amenazante a ser derrotada por su valentía. Eligió la ropa con cautela y calculo los tiempos para cambiarse y llegar un poco tarde. Cuando llego los amigos de ella estaban sentados en una mesa y saludaron cordialmente, se acomodo en una silla al lado de la cabecera y trato de relajarse con un poco de cerveza. Ella se mostraba inquieta, un poco rara y sobre todo muy fría.
En la cocina se podían escuchar los pasos de la madre que asomo el cogote simulando agarrar una cosa de la mesada para ver lo que pasaba medio de costadito. El solo ruido de sus pasos lo perturbaba y su novia que no aparecía y cuando lo hacía, era para conversar con otros o peor aun para ignorarlo rotundamente.
La suegra irrumpió en el living, apoyo una taza hirviendo de té en la mesa justo al lado de él, tardo unos cuantos segundos sin saludar, muy largos segundos, mientras él mantenía la mirada cercana para que de una vez por todas pudiera enfrentar nuevamente al monstruo de batón, camuflado ahora para la ocasión. La suegra solo dijo hola y lo miro de reojo, un saludo sin alma ni mucho sentido de esos que uno quiere sacarse rápido de encima. Los amigos de ella seguían conversando de sus cosas preferentemente en voz alta, ignorando todo lo que ocurría alrededor, ignorando aquella batalla.
Ella se acerco a él después de un largo rato, cuando el té ya estaba frió y por la mitad, porque en momentos de tan alta tensión no queda otra que medir el tiempo con lo que haya mas a mano, pero fue tan rápido que solo alcanzo a rozarle la espalda intentando atraparla como pudiera para pedirle con los ojos que lo rescate de las perversas garras de aquella desagradable mujer.

- ¿Cómo pudo salir mi novia de este engendro, como pudo?- pensó una vez mas.

La fiesta se fue disipando, los amigos partiendo y la madre se quedaba ahí estática, sentada ahora en un sillón simulando ver el noticiero con un volumen demasiado elevado.
Quedamos los tres, ella seguía indiferente así que él decidió irse en cinco minutos con cautela, dejando atrás las esperanzas de hacer el amor y listo a reprocharle su comportamiento en la fiesta en cuanto le fuera posible. La madre se paro del sillón y cerró la puerta con llave, (fue mas tarde recién que se dio cuenta que en realidad la suegra no había cerrado las puerta sino mas bien la había abierto), él asumió que fue por el miedo a los ladrones continuo que experimenta la gente que mira mucho los noticiero, mientras tanto ella juntaba algunos platos y acomodaba la mesa.
La suegra volvió al sillón y al noticiero, pero ahora bajo el volumen considerablemente. Ella se acerco a él en el living, la madre los miraba sin mirar, y con los ojos llenos de nada la cara inmutable de ella lo asusto un poco, algo malo se venia cosa que corroboro con el tono de voz muy desconocido que utilizo al hablar. Luego de un breve rodeo ella le dijo que lo suyo no podía seguir. Pronto comenzó a traer del pasado cosas que él ya creía olvidadas, confesó que le fue infiel con aquel muchacho de camisa color salmón que conoció aquel día que la paso a buscar a la facultad, que tenía una hija de nombre Carla que falleció y un ex marido al que también atribuyo gran parte de la ruina en la que se encontraba su vida. Su cara permanecía inmutable con cada palabra, como si dijera un discurso previamente aprehendido desde hace tiempo, sin ninguna pasión. La madre se paro del sillón y la abrazo felicitándola:

- Muy bien querida, ahora te acercaste mas a la meta, pronto vas a estar libre de ayeres penumbrosos y podrás comenzar una nueva vida, estoy orgullosa de vos , ya aprendiste todo lo que te pude enseñar.-

Él quedo atónito, todo había sido un plan para que ella pudiera hacer una suerte de catarsis y así borrar los resabios agrios del pasado de una manera poco ortodoxa. En ese momento entro un tío medio gordo que esperaba en la puerta por si él llegaba a revelarse, putear o ponerse violento, pero fue casi innecesario porque en realidad no pudo decir una sola palabra y se fue de golpe, olvidando su campera y escoltado hacia la calle, acompañado por el guardaespaldas de tío de ella que lo saco del lugar tratándolo como si fuera un agitador peligroso por las dudas. Una vez abajo lo saco a los empujones y sin saludar.
Se quedo sentado en la vereda un rato sin entender, cuando en eso vio a un muchacho de cara conocida que llevaba un ramo de rosas que apretó el portero en la casa de su ex, lo reconoció de inmediato, era aquel tipo de camisa salmón pero ahora disfrazado con un pullover verde. No le dijo nada, ni le advirtió lo que le esperaba arriba y por dentro hasta se aliviano un poco al pensar que el pobre tipo también estaba a punto de sufrir gracias a ella. Camino a casa, pensó en las posibilidades de las mascaras, en cómo se disfrazan las personas continuamente para engañar y se percato que hay algunos elementos del pasado que es mejor no traer mas al presente…

martes, 21 de agosto de 2007

Diosa

Tranquilas y serenas corren las luces del día, unas veces agrandándose otras estiradas, creando sombras y moldeando figuras en las veredas mientras ella se distrae con cualquier cosa. Las calles fluyen como dentro de un poema dibujando historias a la par del tiempo, que aunque aprendió muy bien a disimularlo siempre sabe adonde va y ahora la ve correr con su cuerpo a cuestas al doblar la esquina, justo cuando un viento al encontrarla le confiesa con cierta tristeza de tango alguna frasecita de arrabal al oído.
Mientras tanto avanza el corazón de la dama a destiempo, latiendo entre baldosas calientes en búsqueda de algo parecido al amor que no es amor, de una suerte de locura que no llega a la locura. La certeza de seguir caminado entre las sombras del día en repetidas articulaciones la motiva, sabe que en el fondo de todas esas almas que la rodean y pretenden ser frías y calculadoras se encuentran escondidas las llamas de alguna pasión adormecida y tal vez olvidada.
Era una pintura su voz, un rebote de color dibujado en la retina sus gestos y con ese distinguido paso doliente creaba un universo en los reflejos de las vidrieras mirándolo todo y jugando con los nombres de las cosas. Una bufandera gris combinada con una picadillata enrubandizada y la mesa desordenada de un cristalido rufoso la miraban desde el otro lado de la acera antes del refrebor, mientras tanto ella escribía en un cuaderno rojo todas esas miradas perdiéndose en algunas mas que en otras.
Cada cosa con su dibujo delicadamente estructurado en un costado.
Un floritorio rojo con su furicunda frutalidad en el centro desparramando olores que seguían sin descanzo bailando disimuladamente sobre la calita y otra vez ausente de todos y tan metida en la cosa, ella seguía meta y meta desdibujar la realidad en las hojas de su mundo, siempre contenta, participando y haciendo mas llevaderas las historias de las siempre tan movidas y selectamente concurridas calles del Olimpo.

Tres disparos al aire.



Hola que tal, ¿se encuentra aquel viejo señor azul que garabatea tus sueños morbosos en elegantes hojas de papel reciclado?



¿Que puede hacer un tipo como yo con tantas consolidaciones verdes, en un mundo plagado de amantes amarillos?


Con un leve vuelo cercano a una caricia me parecio haberla descubierto espiandome como escondida en el ayer.


y asi...

La Venus

El salón estaba atestado de sillas y gentes desconocidas que miraban inquisitoriamente cada movimiento del escultor. Unos cuantos respiros fuertes bastaron para olvidarse de los verdaderos conflictos que lo rodeaban, sin embargo las indiferencias circundantes de los espectadores cristalizaron su malestar en el reflejo absurdo de los mil fragmentos de pared de cristal del fondo distrayendo de vez en cuando su atención.
Una mujer de corta edad juzgo al oído de una señora gorda con cara de perversa las soledades del cristal y las molestias ocasionadas por su ignorancia, una curiosidad se instalo en el sobrio aire a cultura y las disculpas estuvieron de mas en aquella tos del señor de adelante.

- Deben ser la falta de ideas - dijo el doctor Quesada a su esposa.

Entonces el escultor entendió que no era correcto trabajar con publico mientras moldeaba el mármol, que era mejor mantenerse en la soledad de su estudio y no brindar mas espectáculos de esta índole. Pero era tarde y de a poco la tribuna empezó a descontrolarse, a hacer pedidos extravagantes y lo que comenzo siendo una voz callada y tímida termino en gritos y cánticos subidos de tono.
Unos pedían rapidez, otros precisión, que le sacara un poco mas del sobrante aquel a la derecha o a la izquierda, y asi todos empezaron a opinar mas fuerte y a discutir sobre la conveniencia de utilizar lineas mas puras o trazos mas imperfectos. El artista siguió a pesar de todo.
A su vez y enfermo de ira el Dr. Quesada se levanto y reclamo en honor a su prestigio y buena familia que le permitieran cortar las partes pudendas de la pieza artística después de haber sido aplicadas rigurosas mordazas de una tierna seda hindú en la boca de mármol a la mujer, todo de un solo golpe certero con un bisturí de hierro caliente que eliminara definitivamente los pechos de su anatomía, que a su entender resultaban muy impudicos y tan poco recomendables para la familia y las buenas costumbres.

- Esto es inmoral- gritaba la anciana sentada al frente, para ver mejor de cerca, buscando con la mirada y los gestos la complacencia de los demás espectadores.

El trayecto último del artista y sus manos cansadas quebraron el aire que interceptaba la afilada hoja del cincel y el cuerpo inerte de la escultura en dos oportunidades, se sintió un sonido similar al de la muerte, un olor a alcohol y finalmente la caída interminable de dos de los trozo de aquella hermosa figura humana que rebortaron tres veces en el frió piso de mármol.

- El show ha terminado para siempre, retirense ahora- dijo el escultor sin que nadie lo escuchara en el medio de la batalla librada, mientras salia del salón abucheado y recibiendo los incontables impactos de diversos objetos contundentes.

Todos los concurrentes se fueron indignados esa noche. Entre insultos y agravios, entre golpes y malestares dejaron vació el salón y un poco mas tarde un señor encargado de la limpieza recogiendo la basura encontró a los brazos de la Venus mas muertos que nunca llorando de risa en el suelo.
Se los llevo como souvenir.

viernes, 10 de agosto de 2007

Sector 32.


Nadie quería el sector 32. Nadie lo conocía pero todos suponían que caer en él era similar a la peor desgracia en la vida, al cansancio extremo y la posterior muerte cerebral de los restos de materia gris con los que uno entraba el primer día por decir algo. La cuestión es que eran épocas de reestructuración y en la empresa se venían concretando ya varios cambios de área, justamente a María la chica rubiecita de ojos saltones, la habían trasladado a embalajes, creo que a la parte administrativa y a Carlos Frey lo habían sobornado con un aumento de sueldo para que sin chistar permaneciera en el sector que estaba.
Mi área no tenia demasiadas dificultades, acomodar unos papeles, sacar copias, revisar expedientes y después dormir una horita o dos cuando el jefe se rajara antes a la casa.
Como todo trabajador añejo conoce en toda oficina los rumores corren con demasiada velocidad, entonces cuando me entere de los cambios empecé a temer lo peor, el desconocido y tan escalofriante sector 32. Las condiciones me jugaban en contra porque era el mas nuevo y tenia todas las de perder pero a pesar de todo todavía conservaba las esperanzas, después de todo si me tocaba el pase era solo cuestión de ponerle el pecho y adaptarse a un trabajo distinto nomas. El martes pasado en un pasillo me arrime a Álvarez y le pregunte en voz baja como era el sector 32, asustado me comenzo a increpar porque preguntaba, o si sabia algo de los pases y demás, después dio media vuelta y se fue a su puesto de trabajo, levanto el teléfono y pude escuchar como entre sollozos llamo a su esposa para contarle la posibilidad de que lo trasladen como si se hubiera concretado la mala nueva.

- Este tipo es un cagón - pensé – no puede ser que tenga miedo de un laburo-.

A lo largo de la semana las noticias siguieron corriendo, a Mario el gigante de seguridad lo trasladaron a planta, y cada tanto el fatídico numero 32 resonaba en la oficina con temor. Ninguno preguntaba demasiado sobre esa área, parecía que todos aprendieron a esquivar el tema como sea y olvidarse de todo aquel asunto tapando la realidad.
En cuanto a mi, la curiosidad pudo mas y comencé a hacer una pequeña investigación al respecto. Revise las cajas de Amalia y leí todo lo que pude con respecto a los paquetes que pasaban de las diferentes áreas, pero no pude encontrar nada.
A la mañana siguiente llegue al trabajo un poco mas tarde porque se retraso el colectivo y al entrar a mi sector sentí una sensación rara, la gente se paseaba mas nerviosa que de costumbre en la entrada y Amalia lloraba sentada en una silla mientras era consolada por Álvarez que no podía disimular su cara de espanto. Nadie me había saludado, nadie me hablaba.
Al rato llego el jefe con la novedad. Se tomo su tiempo después se acerco a mi escritorio, me miro con un dejo de maldad a los ojos y me dio la noticia: me habían trasladado al sector 32.
Amalia pego un grito casi desaforado al oírlo nuevamente, Álvarez se acerco a ella, la abrazo con fuerza y temblando le ofreció un vaso de agua y su pañuelo azul. No me quedaba otra así que tome coraje y sin meditarlo me levante de la silla, agarre mis cosas y renuncie esa misma tarde.

jueves, 9 de agosto de 2007

Destino y colisión de unos malos habitos. (relato escatológico)

Francisco era un hombre feliz de unos cincuenta años con una panza a cuestas que creció demasiado en los últimos años a fuerza de asados y cervezas, y que además sin darse demasiada cuenta venia recolectando una sucesión de manías o costumbres particulares cada vez que salía a la calle. Las mas molestas de todas eran juntar monedas en los bolsillos del pantalón hasta que estallaran, no tener jamás un pañuelo, cargar una billetera con papeles y otra con dinero y tarjetas de crédito y llevar siempre un par de escarbadientes de metal en la camisa. A pesar de ello se preguntaba a menudo porque no conocía mujeres después de su divorcio, después de buscar e invitar a toda hembra que se le cruzara por el camino.
Pero su suerte iba a cambiar pronto ya que Evangelina, una empleada de la farmacia a la que acudía seguido a comprar aspirinas y otros medicamentos para el dolor de espalda, finalmente acepto su invitación a cenar después de un largo batallar. Con dificultad saco de su bolsillo una de las tantas monedas que llevaba en el pantalón con extremo cuidado evitando que se cayeran el resto, pago las aspirinas y con ilusiones renovadas fue a comprar preservativos a otra farmacia por razones obvias.
Esa noche se preparo distinto, se baño y perfumo con aquel frasquito importado que guardaba para ocasiones especiales, se puso sus pantalones cargados de monedas, sus infaltables escarbadientes, las dos billeteras y la paso a buscar. Hacia mucho calor y el estomago le jugaba malas pasadas en el camino, retorcijones y nervios, mucha ansiedad y el estruendo final inundando el auto, obligándolo a aspirar su propio olor con algo de perverso agrado.
Llego temprano, toco el timbre y espero abajo del edificio sentado en el auto a Evangelina, ella bajo muy arregladita, perfumada también y con un indiscreto maquillaje que la afeaba sobremanera. Como estaban cerca del restaurante dejo el auto estacionado en la puerta y siguieron a pie las cinco cuadras que faltaban.
En el camino aprovecharon para contarse cosas, pero Francisco no escuchaba nada, su estomago volvía a jugarle malas pasadas y entre retorcijones cada vez mas frecuentes se alejaba con cualquier excusa a un rincón para cuando el ruido de algún auto llegara a su máximo nivel pudiera rajarse un pedo aliviador.
Una vez en el restaurante se sentaron en una linda mesita del rincón, Evangelina sonrió bastante y el estomago de Francisco se calmaba a intervalos que le eran muy útiles para conversar mejor y desplegar sus astucias, chistes y demás encantos que solo él conocía. Pero la amenaza seguía latente en su barriga.
Con precaución de no hacer ningún esfuerzo se levanto para ir al baño, ya casi llegando a la puerta, apuro el paso y se rajo otro pedo estruendoso junto a lo que creyó una escapada fatídica de un trozo de sus heces. Entro a un cubículo, se desabotono la camisa y se bajo los pantalones, luego desesperado pateando brutalmente el inodoro vio su calzoncillo en estado deplorable.
El olor comenzaba a expandirse. No podía más y en el mismo momento en que lanzo una maratón de sonidos y excrementos apareció el molesto ruidito de las monedas del pantalón cayendo una tras otra al piso junto a las billeteras, en medio de aquella estruendosa sinfonía.
El baño de repente comenzó a llenarse sospechosamente de agua que provenía del inodoro, recordó aquella patada por el dolor que tenia en su pierna y asumió que fue él quien lo había destrozado por completo.
El perturbador suceso duro mas de tres eternos minutos.
Francisco se quito los pantalones, transpiraba demasiado y le costaba respirar del solo hecho de pensar que alguien podía entrar en cualquier momento, abandono su calzoncillo sucio en un rincón junto a un tacho de basura, se volvió a poner los pantalones, recogió cada una de las monedas mojadas y las volvió a meter en el bolsillo, luego las billeteras, se arreglo como pudo frente al espejo del baño y salio raudamente.
Al pasar por la mesa donde estaba Evangelina muy despeinado, todavía sudado, con el pantalón mojado y la camisa desabotonada, no tuvo el coraje de mirarla, encaro hacia la puerta y nunca mas volvió a verla ni a pasar por la farmacia. Ya llegando a la esquina pensó en como todos esos hábitos tan particulares que venia cargando en la vida habían conspirado tan magistralmente para jugarle una mala pasada en ese baño, entonces se tranquilizo un poco mas, pensó en frió y prometió cambiar. Una vez instalado en su auto miro nuevamente su mojado pantalón, faltaban algunas monedas, que mas da se dijo, busco en el bolsillo de la camisa, tomo un escarbadiente y después de escarbar un rato mientras manejaba el auto se saco una pequeña basurita de choclo que le venia molestando desde ayer.
Se puso contento.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Cuento corto sobre pelos y otros cachivaches.

No entendía aquella costumbre de mamá de guardar los cabellos recién cortados de cuando mis dos hermanas y yo nacimos. Lo mas probable es que deseara conservar un souvenir de sus hijos al nacer, casi igual a cuando uno vuelve de Mar del Plata con esas esculturas espantosas con caras extrañas y ojos saltones que terminan depositadas en alguna repisa con el solo objetivo de juntar polvo. Pero la cosa no quedaba ahí porque su ansia de guardar recuerdos, si es que esa era su ansia, iba todavía más allá de un simple souvenir. El primer indicio de que había algo raro lo note cuando me entere que guardaba tres frascos transparentes en una alacena alta de la cocina con los restos de los tres cordones umbilicales, para colmo unos meses mas tarde descubrí en un armario del living dentro de una caja de zapatos vieja algunos chupetes, mamaderas y los primeros pañales llenos de caca petrificada en pequeñas bolsas transparentes de plástico.
Cada uno de estos elementos estaba perfectamente señalado con el nombre mió o de alguna de mis hermanas, la fecha en que fue registrado y un pequeño comentario adjunto en color rojo explicando de que trataba el objeto, algo así como por ejemplo: "primera caca de Anahi".
Aunque no entienda en absoluto su accionar aprendí a tomarme todo esto con total naturalidad a pesar de no encontrarle significado, para colmo cada vez que me lanzo a preguntarle a mamá sobre el asunto no sabe muy bien que contestar, o quizás prefiere callar el sentido de aquel atípico recuerdo. En cuanto a mí, que me doy cuenta de cómo la incomodo, y a pesar de sospechar que hay algo raro detrás, intento no insistir demasiado en el asunto y me dejo llevar por cualquier cambio de tema para no molestarla. Debe ser que en fondo me causa un poco de gracia imaginar que en un futuro exista la posibilidad de exponer de manera bizarra, en un museo tal vez, los objetos que mamá conserva de mi infancia mientras un grupo de turistas extranjero se quedan atónitos mirando mis primeras heces, buscándoles algún sentido artístico o emocional como el que yo les estoy buscando ahora.
Y pensar que yo me creía un loco por todavía conservar los dos pelos grises que había perdido mi fallecido abuelo Andres en un libro muy antiguo de geografía justo entre la pagina 80 y 81, y que encontré de casualidad cuando hacíamos una mudanza con mi viejo, mi tío Enrique y mi primo Hernán. No hay con que darle che. ¿ Como era que decía aquel viejo dicho.....? ha si, lo que se hereda no se hurta.

martes, 7 de agosto de 2007

Ropa vieja.


Caían despacio las ropas viejas, las medias agujereadas del fondo del cajón y los pantalones desgastados de color amarillo, rojo y azul, todo iba a parar la bolsa negra y de ahí a la calle o quizás a un destino servil como eventual franela o trapo de piso. Así se comportaba Claudia cuando la vida le presentaba dificultades serias y entonces la limpieza se tornaba como algo necesario para espantar de su alma, todo lo que le estorbaba en el camino.
Con estas bases tan personales aquel par de medias se convertía en la vecina de al lado con su olor a pis de gato y la manía de no saludar a menos que nesecitara algún favor, la remera rosa desteñida con la foto de Mafalda era inamovible y pase lo que pase se quedaba acobachada en el fondo con el resto de las otras remeras, porque a pesar de su estado calamitoso le traía buenos recuerdos. Distinta seria la suerte de aquel pantalón amarillo que no podía evitar evocarle la forma en la que ese tipo no la volvió a llamar después de que las cosas parecían marchar bastante bien entre ellos.

- A este lo voy a usar como trapo de piso en la puerta de la habitación- planeo mentalmente mientras acomodaba el resto de la ropa en un costado.

Liberarse de todo aquello le servía para volver a entablar una nueva relación con el mundo, replantearse cosas y obtener respuestas nuevas de aquel trance en el que se sumergía. Una limpieza totalmente liberadora de cuerpo y mente. Pero ojo que también aprovechaba y revisaba sus ropas preferidas inventando frente al espejo desfiles, mirándose cada rincón de su cuerpo, asumiendo kilos de mas y repasándose los defectos con los ojos una y otra vez, sin parar, desde todo ángulo que le fuera posible.
Al final del ritual la bolsa negra repleta de trapos todavía sin cerrar la miraba de lejos como un cadáver al que están por desechar, tan llena y tan recostada en un rincón de la habitación. A decir verdad a ella siempre le gusto pensar que lo que había adentro eran los restos de la vieja Claudia, algo así como los descuartizados pedazos de aquel cuerpo deteriorado e inerte que ella con esmero y paciencia se encargo de juntar, y que juntos representaban lo que alguna vez fue y ya no era.
Después de un rato largo daba por terminada la ceremonia ya mas aliviada y con el espíritu renovado, dejando lo mejor para el final, gozando en secreto al tirar aquel inventado cadáver a la calle y abandonando lo peor de su pasado que ya pronto descansaría definitivamente en paz en el basurero municipal…

Límites.

El límite comenzó siendo el infinito, podía llegar a ser astronauta, científico, periodista, medico, abogado o todas esas cosas juntas, pues tenía grandes planes y esperanzas que lo hicieron sospecharse a sí mismo como una célula madre capaz de tomar cualquier tipo de forma en el futuro.
Lamentablemente no ocurrió lo esperado ya que fue moldeado torpemente por unas manos equivocadas, manipulado como un billete de dos pesos hacia caminos oscuros, alejado de las prioridades y los libros y los juegos. Entonces claro, como era de sospecharse, vino la decepción, se acumularon los años, el ritmo amargo de las noches, la vida aplacada y los amores conformistas y todos juntos alineados en el campo de batalla fueron poco a poco durmiendo dulcemente lo que quedaba de las ilusiones.
Y fue ayer cuando un mortal paro cardiaco lo atrapo todavía demasiado joven sentado en una oficina azul calcando los sueños ajenos de un jefe inoperante, y en su ultimo aliento de esperanza, quizás un poco avergonzado, llego a sorprenderse mucho de la innumerable cantidad de cosas que no había hecho y que nunca llegaría a ser, comprendiendo fatalmente que las palabras “hacer” y “a ser” suenan igual en los oídos de quienes las escuchan, a pesar de sus grandes diferencias y tan distintos significados.

lunes, 6 de agosto de 2007

Acto reflejo.

Para escuchar leyendo o para leer escuchando...



Amanece y Gabriel abrió los ojos, no se acordó como pero estaba recostado en el suelo mirando alrededor y pensando que quizás se quedo dormido mientras escuchaba un tema de Louis Armstrong. Volvió a cerrar lentamente sus parpados dejándose caer, pero ahora su cuerpo delgado apareció parado en otro lugar, no sabe como sucedió, se sorprendió y en vano trato de reconocer su ubicación, no logro ver mas que un extraño cuarto azul donde la luz entraba poco y la humedad se depositaba en cada rincón. Sintió un ruido fuerte a su lado, reconoció un arma de fuego y luego volvió a cerrar los ojos.
Al abrir nuevamente sus parpados el lugar volvió a cambiar. Parecía un bar en donde ahora Gabriel permanecia sentado con un vaso de ginebra y una botella casi vacía entre sus manos. Estaba muy mareado por lo que asumió que se encontraba borracho. Hacia mas frió que antes y cada vez entendió menos lo que sucedía y lo que lo rodeaba. Asustado vio la copa de vidrio grueso con extrañeza e intento dejar los ojos abiertos pero no pudo hacerlo por mucho tiempo y al cerrarlos, mucho mas mareado que antes, se vio de pie en un jardín perfumado por jazmines con un arma de fuego en la mano. Sin entender nada miro a su alrededor y luego tiro el revolver lo mas lejos posible.
Intento correr hacia algún lugar, encontró la salida a la calle y logro alejarse de aquel sitio muy alterado. Sin darse cuenta cerro nuevamente sus ojos una vez mas ya preparándose para la fatalidad, comprendiendo aquel macabro juego. El viaje se repitió y nuevamente apareció parado en el mismo jardín del que antes escapo, con una pistola en la mano y un cigarrillo encendido en la otra apuntando a la cabeza a una muchacha rubia que permanecía temblando de rodillas frente suyo.
La miro a los ojos. Todo sucedió en un solo segundo en el que sin poder llegar a controlar su cuerpo y aun mas asustado y confundido que la muchacha, Gabriel disparo el arma volviendo a parpadear en el momento exacto de gatillar.
Pareció pasar más de media hora de total silencio en los cuales no pudo percibir ni una sola sensación del contexto en el que se encontraba, todo aparentaba haber vuelto a la normalidad.

– Debe haber sido un mal sueño- se consoló pensando.

Confiado abrió los ojos una vez mas como despertando de aquella pesadilla y reconoció el mismo jardín de antes con el cadáver tendido de la rubia a sus pies en un charco de sangre. Se hizo fuerte, corrió hasta un fregadero que se encontraba a unos metros y tenia un espejo viejo colgado en la pared para esconderse, reviso sus ropas buscando cualquier cosa que lo conectara con la realidad y encontró un cuchillo en el bolsillo derecho de la chaqueta, se miró al espejo sin pestañear y con el filo medio oxidado de la hoja se destripo sus dos ojos con intensa furia buscando escapar de una vez por todas de aquel mal sueño.

Aquel pueblo.

Cansado de tanto trabajo, de tanta frialdad soñaba despierto aguardando que las horas, ya en cuenta regresiva, vinieran a traerle nuevas vacaciones capaces de devolverle ese aire nuevo a los días. Viajaría temprano para llegar con el calor de la mañana a Portugal, tierra en la cual sus ancestros sembraron los cimientos de un pueblo nuevo alejado de las malas noticias, los autos caros y los desastres discontinuos.
La sola idea de llegar lo mantenían en desvelo, poco a poco aumentaban gradualmente sus deseos de visitar la casa de sus bisabuelos, de tocar la tierra que sembraron y los caminos que recorrieron, y de permanecer un instante rodeado de todos sus secretos sin decir palabra alguna, dejándose llenar por lo que fue su historia.
Lápiz en mano tomo nota de cada rincón del camino mientras viajaba en el autobús al hotel, anotando impresiones, causas y efectos, probables emociones y algún que otro dibujo bizarro de una mujer con los pechos enormes y el ombligo salido para afuera, a la cual bautizo como Amelia, que en aquella ocasión lo acompañaría a tal importante ceremonia.
Salio del hotel casi sin recorrerlo, la camioneta lo esperaba dentro de dos horas pero él se adelanto al lugar de encuentro así en cuanto llegara su contacto podría viajar deprisa y darle mucho mas rápido sentido al viaje. La camioneta se retraso un poco, pero la ilusión de verla llegar pudo más entonces no le importo demasiado.
Según el mapa el pueblo quedaba a unos pocos kilómetros con la frontera de España, el conductor de la camioneta se ofreció a llevarlo a un hotel pero con una elegante excusa él prefirió caminar solo por aquellos paramos apenas llegados al lugar. Camino unos cuantos metros antes de toparse con un niño que pateaba una pelota de cuero que parecía construida en otros tiempos, o por lo menos así lo creyó él porque a simple vista le pareció fabricada con un cuero grueso y mas pesado. El pibe era rubio como él y a decir verdad muy parecido a alguien que todavía no lograba registrar por la hiriente luz de la tarde.
Un poco mas adelante un viejo sentado en el portal de su negocio lo miraba fijamente con cordialidad, llevaba también un aire demasiado familiar en sus facciones, quizás similar a su abuelo o a su padre, con una excusa lo saludo intentando averiguar donde quedaba la casa de sus parientes a pesar de que conocía el plano de memoria y estaba seguro de que no podía perderse. El anciano respondió con cortesía y después de mirarse un rato a los ojos se despidieron. El ambiente no le resultaba nada familiar pero la gente si. Algo extraño se estaba gestando en aquel lugar, lo sabia bien, una revelación sustancial para su vida latía en cada personaje nuevo que aparecía en las calles de aquel pueblo, pero todavía no lograba descifrar cual era el enigma que rodeaba a estos habitantes. Cada nueva persona que encontraba a lo largo del camino tenía un secreto guardado que creía reconocer y no podía del todo, las mujeres, los jóvenes, todos conservaban oculta una suerte de verdad que no podía dilucidar.
Continuo su camino devanándose los sesos por encontrar respuestas por las calles de tierra cuando la figura de una sombra se le acerco por detrás, esos varios encuentros posteriores que lo llenaron de dudas le hicieron temer ahora lo peor, quizás que le iban a robar, a matar o a descuartizar en medio del campo. Sintió como le volvía aquel leve brote de debilidad que cargaba desde su juventud en su rodilla izquierda, sin embargo camino un poco mas rápido sacando fuerzas y creyó escapar por un estrecho costadito tramposo entre dos casas, que en realidad lo colocaron frente a frente con la que antes había sido aquella sombra funesta. Al instante, una revelación se le presento ante sus ojos, era él mismo quien parecía seguirse o por lo menos una persona físicamente idéntica.
Se detuvo asustado, miles de sensaciones lo invadieron después, se miraron y no pudieron evitar sonreírse, quedarse perplejos ante tal evento de evidentes características figurativas. Después ambos rieron mas fuerte para ahuyentar a los fantasmas y se presentaron mutuamente invitándose un café, se contemplaron largo rato buscándose uno con el otro diferencias y similitudes, así como si de un juego de revista para chicos se tratara, conversando largo rato en una mesa situada en la calle mientras bebían cerveza, porque lo del café como todos saben era solo una excusa, una manera de ponerle un nombre al hecho de sentarse a conversar ya sea en Argentina o en Portugal.
El hombre al fin y al cabo logro descifrar el enigma oculto en toda aquella metáfora: todos en el pueblo se parecían físicamente a él. En este nuevo mundo pudo verse como era en realidad de niño sin que se lo cuenten sus familiares ni se viera en fotos, se ojeo como en un espejo de más joven, logro descubrir aquella trama y reconocerse con alguien de su misma edad, pero lo que mas le impacto fue conocer como se vería si llegara a anciano. Una metáfora al fin y al cabo le trajo aparejado ese viaje, o en otras palabras la capacidad de trasladar el sentido recto de las cosas en otro figurado en virtud de una comparación tácita, y cuando llego la hora de volver a lo habitual lo hizo feliz y agradecido porque este tipo de cosas por lo general no suelen encontrarse en los típicos viajes vacacionales.

jueves, 2 de agosto de 2007

Pucho 22.

Hubo tiempos difíciles en que los pasos perdidos de su destino corrían sin sentido tras la muerte. Luego la vida sembró un rencor inexplicable, que con el correr de los días crecía en su corazón. Conoció la feliz tragedia del amor, sufrió con emoción las mas profundas traiciones y se vio perderse en el laberinto ingenuo de las certezas, pero lo que todavía nunca hizo fue ver llover en primavera junto a su María mientras escuchaba el latir de los relámpagos, o presentir el momento exacto en que la tarde se transforma en noche, o dejarse alcanzar por los complejos mas extraños frente a algún viejo espejo azul del baño de un hospital, ni tampoco soñar con búhos o comer alcachofas.
El amor fue para él una trágica emoción que lo acerco a la vida, aplacando la muerte con los mismos sutiles engaños de las novias nuevas y los reconfortantes helados de frutilla, chocolate y dulce de leche.
Se hacia llamar Pucho, o por lo menos así le decían sus compañeros, que según aquellos tipos de blanco deberían ser llamados pacientes, pero muy en el fondo saben que no lo son. Siempre sospechó que estaba loco, pero también sabia que todos somos tristes artefactos descompuestos intentando afinar con el ambiente, los desaforados gritos de nuestra imperfección.
Él lo sabia y ellos no, esa era su ventaja, y aunque todavía algunos lo llamen en voz baja loco el no se preocupa demasiado al respecto y despliega una y otra vez su ensayada respuesta:
- Al fin y al cabo que saben de locura los imbéciles, que saben de poesía los perros o los orangutanes, que carajo pueden ellos llegar a saber...-

El linyera.

Llamando con las voces que nunca volverá a escuchar, los recuerdos alimentan con ese sabor a imposible las ya muchas penas con las que carga. Furtivos y esquivos anhelos vienen resurgiendo de las sombras, de la nada, para exigir resarcimientos inexistentes mientras que las imborrables penas se niegan a descansar. ¿Cuantos años te separan de aquel loco y lejano corazón de marfil, cuantas noches te esperan en discreta perseverancia en los más recónditos lugares de tu imaginación?

Confusiones.

El mojón malcriado. La espesa neblina. Un murmullo oscuro. La araña en la sopa buscando una mosca, la cual se pudrió del mundo y decidió matarse en un restaurante de lujo mientras un señor de alto prestigio y mucho dinero, saca de su billetera un billete de cien pesos que recorrió muchas manos y, en una de sus esquinas, esta manchado con la sangre de una señora gorda que fue asaltada en la calle Caracas al 1100, con un cuchillo medio oxidado que portaba un hombre bajito con bigote y mal aliento, que justo hace unos minutos estaba comprando una cerveza en el bar donde el hombre de alto prestigio y mucho dinero aprovecho para comprar un atado de cigarrillos y una revista inglesa de moda antes de ir a cenar a un lujoso restaurante donde una mosca entraba a suicidarse por no haber podido acostumbrarse al olor de la mierda fresca, ni al sabor de la fruta podrida, ni al dolor de la muerte de una hermana en un barrio cercano a Recoleta.
Y así como así el señor pidió una sopa, donde sin saberlo ahora nadaba una mosca arrepentida de haber cometido la locura de matarse, luchando por sobrevivir y gritando de desesperación tardía en las cercanías de su muerte, justo en el mismo instante en que una araña escuchaba sus lamentos y se lanzaba a capturarla desde el techo de la cocina, quizás para ayudarla mas probablemente para comerla. Después las dos alimañas hervidas viajaron en un plato hondo color crema hacia la mesa, fueron absorbidas por el señor de alto prestigio y mucho dinero, se levantaron juntos de la mesa y el estomago resentido del señor de alto prestigio se vio afectado minutos después cuando salio a dar un paseo y fumarse un cigarrillo. Al llegar a la calle Caracas vio a un hombrecito sospechoso que le pidió de fumar, el hombre de alto prestigio dijo no tener mas, mentira que enervo tanto al hombrecito de bigote que había pispeado el paquete, que termino por arrebatarle no solo todas sus posesiones sino también la vida, el prestigio y el dinero que si bien era una suma comparablemente pequeña con lo que tenia guardada el señor en el banco, para el hombrecito de bigote conformaba una pequeña fortuna especialmente por la nueva navaja importada de suiza que pensaba comprar, o una pistola calibre 45 que matara mas limpio y sirviera para dejar una mejor imagen de su persona. El tajo en el estomago dejo salir de a poco las tripas del hombre ya sin dinero encima y con un prestigio un tanto inútil dada su condición actual.
Pero no me quiero ir sin antes contar algunos detalles de esta historia que son desconocidos para el resto de los lectores y en los cuales nos enteramos que la araña finalmente había devorado a la mosca en el interior de la olla, por lo que la mosca no se mato sino que murió en su ley, y en un baño de verduras la araña achicharrada flotaba también en paz. También nos desayunamos, usted y yo claro esta, con que el hombrecito de bigotes no gasto el dinero robado, prefirió invertirlo en una maquina personal muy moderna que evita los robos en la calle y que en poco tiempo recaudo altísimas sumas de dinero.
La mujer de la calle Caracas que fuera asaltada por aquel malandrín fue chocha a comprar aquel producto, después de tal susto no podía seguir arriesgándose, sin conocer nunca esta historia mitad histérica y mitad extraña de la muerte de una mosca en una olla en manos de una araña que la mato sin siquiera saborearla en retorcijones de caldo hervido y verdura, y que juntas sin planearlo, fueron a parar al estomago de un hombre de prestigio y mucho dinero que fatalmente falleció a causa de un asesinato, causado en un callejón por un asaltante bajito y de bigote que luego compraría una revolucionaria maquina antirrobo con la que luego se haría millonario y que creo se llama Enrique.

Recuerdos.

Recordó a Lucía de su mano y aquella canción tan dulce que solían escuchar.
Recordó el aroma del aire de la noche cuando todavía tenia 15 años y la ciudad era mucho mas agreste, la caricia entre llantos que le dio en la cara después de pelear por algunas tonteras de celos y un extraño acorde sucio de guitarra que no encastraba en la canción. Recordó el frió de la cama, el colchón lleno de migas de pan y los besos desesperados de todavía un aprendiz. Recordó las manos recorriendo partes novedosas sobre otro cuerpo, recovecos vivos sin antes explorar, y fue armando esquemas de ilusiones, inventando gambetas y rociándola toda de besos, dientes y saliva. Recordó el aroma pesado y caliente que se iba generando, el mal aliento del ajo, las sabanas sucias y algo pegajosas, la ventana abierta que daba a la calle Caracas y la camisa blanca tendida sobre la silla. Recordó el aluvión de promesas, las palabras, tan dulces que vinieron después, los sueños que fueron pasando y el calor del primer cigarrillo encendido entre sus manos. Recordó el adiós, la llegada a casa y los huevos fritos en aceite de oliva, la inocente caricia en la cabeza de mama que no sabía nada de lo que pasaba como siempre, el olor de sus manos, la ducha tan necesaria y la tarea pendiente del colegio que no pensaba hacer por estar demasiado distraído en otra cosa. Todo lo recordaba con gran intensidad a sus 89 años.... todo excepto su propio nombre.

Como conocí a Laura.

La clave era aceptar el desafió, sumarme a cualquiera que fuera su antojo en ese momento para permitirme ir mas allá de esta realidad, para trascenderla y así superar lo que llaman rutina. Y ojo que no era nada fácil, porque antes de ella esquivar rotundamente las pesadillas, los maleficios y esas ganas brutas de escupir insultos cargados de odio sobre quienes me molestaban me resultaba muy fácil. Su objetivo era móvil y cambiaba tan seguido dependiendo del ánimo, que pronto comenzó a surtir efecto al transformarme en otro, a ayudarme a olvidarme un rato de los viajes en colectivos llenos en verano, de la cara del jefe y las cuentas nunca claras.
Nuestro primer encuentro fue casual, en un bar, ahí se cumplieron rigurosamente todas las acciones necesarias para entablar futuros contactos, se hablo del horóscopo y los trabajos, para no asustarse demasiado y aparentar una normalidad compartida. Ensalzamos nuestras virtudes disfrazando los defectos con algo de elegancia y buen humor y nos despedimos cordialmente, extendiendo las miradas y los gestos como cuando uno se va antes de tiempo de un lugar agradable. Después vinieron algunas certezas, direcciones y teléfonos, cuentas de mail y entornos, estableciendo así mutuamente ambas realidades con un panorama un poco mas amplio. Con el tiempo las largas conversaciones cobraban más color y desaparecía magicamente el fantasma del sueño y el aburrimiento. Todo era interesante. En pocas palabras ella comenzaba a proponer nuevas fronteras y yo me dejaba llevar a sus mundos.
En nuestras salidas nos encontramos en distintos lugares para que me mostrara un poco mas de que se trataban aquellos planetas. Recuerdo que siempre me decía:

- en este lugar hay una dimensión paralela que nos rodea y no la podemos ver, ¿la sentís?

- Si…claro…- contestaba yo sin saber de que me hablaba.

Después se quedaba quieta un rato cerca mió, parecía temblar antes de contarme lo que había sentido, la revelación que ella me transmitía y yo a su lado con todos mis sentidos funcionando no podía siquiera adivinar. Esa primera vez el lugar fue el cementerio de la Recoleta, Laura me leyó un poema hermoso de Borges que hablaba de aquel sitio mientras caminabamos, estaba muy nublado, y yo no estaba en uno de mis mejores días por algunos asuntos laborales que rondaban mi cabeza. Pero ella tiene esa virtud de hacer que en un instante me olvide de todo, de que me transporte al otro lado de la realidad y sea otro que antes no conocía, pero que tal vez andaba por ahí. Ese fue mi primer gran escape junto a ella. Caminamos mucho por aquellos pasillos del cementerio leyendo nombres y recordatorios, mirando sepulturas y estatuas. Todo estaba tan vació esa tarde, no había nadie cerca, ella también lo noto, luego empezó a contarme un cuento que presumo inventaba mientras caminabamos, por aquella extraña manera que había adquirido al hablar. Si quisiera reproducir aquí en esta pagina con exactitud lo que sucedió no podría, y no es nada raro porque esto siempre suele suceder con estas cosas, como cuando un amigo se ríe a carcajadas de algo que le causo mucha gracia y por mas esfuerzo que pongamos, no nos podemos reír como él lo hace porque el sentido ya pasa a ser otro. Sin embargo voy a tratar contar más o menos de que se trataba la historia.
Laura y yo nos perdíamos en el cementerio que se multiplicaba de manera exponencial con cada uno de nuestros pasos y ya no podíamos salir más de ahí. Al principio había esperanzas, buscábamos alguna señal, alguna estatua que sirviera de guía, algún camino conocido, pero nada, ni siquiera las estrellas nos podían guiar ahora que estaba todo tan uniformemente nublado.
De ahora en más deberíamos pensar en vivir en alguna tumba cercana, acobacharnos en el frió y rogar que a los dos nos resultase cómoda. Acostumbrarnos poco a poco el uno al otro, cazar palomas o gatos para sobrevivir y no alejarnos demasiado para no perdernos. Mas tarde, con gran maestría, me hizo dudar de si aun estábamos vivos con algunos argumentos un tanto extraños, pero a pesar de su valentía sin poder evitarlo con mucha vergüenza y miedo, me tomo de la mano muy fuerte. Laura temblaba de nuevo. Me di cuenta que ella también llego a creer lo que contaba y logro convencerse a si misma y así a su vez convencerme a mi. Fue en ese momento donde elimine todo lo racional con lo que cargaba en mi vida, los dos muy asustados nos miramos y no pudimos hacer otra cosa mas que besamos. La mire a los ojos y la abrace fuerte, corrí con ella como rescatándola de aquella pesadilla por uno de los pasillos con extrema firmeza, y la saque del cementerio con mucha dificultad no recuerdo bien por que pasillo.
Ya en la puerta respiramos aliviados al salir, enfrente nuestro nos observaba extrañado un vendedor de chucherias rodeado de la ya acostumbrada realidad. Esta fue la manera que conocí a Laura, después salimos por un largo tiempo, eso si, nunca mas volvimos a ese cementerio porque hay realidades que prefiero no volver a pisar.

Infinito.

El sistema fallo justo en el final cuando las agujas dejaron de marcar el día o la noche y Mariana se fue por la puerta de atrás de nuestra casa para siempre. Ahora mi plan es reemplazarte. Reemplazarte con el mismo método con el que alguna vez te conquiste. Solo es cuestión de volver a arreglarlo todo como antes, ponerlo todo en su lugar, contar las velas de aquella noche según lo marcan las fotos, regar el jardín, acomodar la casa, cocinar la misma cena con los mismos ingredientes a las mismas horas y así estoy seguro que volverás. Y aunque ahora seas otra mujer yo te voy a poder reconocer fácilmente siquiera solo algunos instantes, se que me dirás cosas muy diferentes para despistarme, me contaras mentiras que no quiero oír y después la noche hará el resto; el café, los besos, el calor y a la mañana el adiós definitivo hasta que pueda volver a arreglar el equilibrio del sistema con un nuevo reemplazo, con otro sustituto de Mariana. Solo es cuestión de volver a arreglarlo todo como antes, ponerlo en su lugar, contar las velas de aquella noche según lo marcan las fotos, regar el jardin…

De un saque.

Cada vez que una mujer me pregunta la edad me vuelvo un poco más viejo. Todo empezó quizás como un juego, hace ya no me quiero acordar cuantos años seguramente entre algunos de mis conocidos. Yo no sabía mucho de que se trataba todo este asunto, simplemente un día me subí a una bicicleta rodado 20 para salir a dar una vuelta por ahí y me sentía muy bien, les juro que si, cuando una chica que me gustaba mucho con una cara muy particular me pregunto cuantos años tenia. Le conteste con un poco de curiosidad sin entender el porque de su pregunta, pero al verme reflejado en una vidriera, yo tan grandote sentado en aquella bici tan chiquita. Comprendí de inmediato. Unos metros mas tarde me sonroje al punto de no poder disimularlo y de repente se me fueron las ganas de pedalear, de hablar y de sociabilizar con nadie, fue ahí que gane como cuatro años de un solo saque.
Curiosamente siempre son las mujeres las que me agregan mas años, porque entre mis amigos y otros muchachos nos entendemos diferente, si el tipo es apenas un poco malévolo puede llegar a agregarnos unos cuantos meses nomas con alguna pavada, pero las chicas son diferentes, mas precisas e intuitivas y conocen de maravillas el arte de sumarme años con esa facilidad que tienen y tanto me atemoriza.Recuerdo que a los 11 años, una amiga de mi hermana nadaba en la pileta de unos amigos en común, yo me sumergí con toda mi inocencia con los ojos cerrados para bucear y al salir aparecí sin quererlo cerca de ella por su parte posterior, al microsegundo de ascender del fondo de los océanos sintiéndome todo un buzo profesional siento un impacto en mi cara, un feroz cachetazo por el cual me costo varios minutos dilucidar su causa. Cuando comprendí la situación sume como tres años de otro saque y entendí que las mujeres son complejas y que, aunque jamás se me hubiera ocurrido verle el culo por debajo del agua ya que era demasiado chico e inocente, supe que no podría nunca llegar a explicar aquella sensación de perder repentinamente un pedazo de inocencia con facilidad de palabras, una vez mas quede anonadado y perplejo sumando años.
En todo este tiempo invente trucos y remedios para recuperar algunos de esos tiempos de inocencia que me fueron arrebatados como por ejemplo jugando al fútbol, ayudando a mi primito de 5 años a armar castillos o jugando con sus muñequitos, pero sus efectos son solo temporales. Mujeres hermosas me robaron el alma para recortarla y pegarla en los vidrios de su habitación y mirarlas de cuando en cuando en alguna que otra aburrida tarde de lluvia, otras con sus rotundos rechazos dejaron en claro que no tenían ni siquiera la intención de sumarme o restarme ninguna edad tan solo porque yo no tenia mucho en lo que ellas tuvieran demasiado interés. Pero también hubo de las otras, las que en lugar de encajarme mas años venían a compartir los suyos de igual a igual, que no les importaba demasiado que me gustaran las películas de acción sin sentido, que se podían pasar la tarde entera hablando de cosas incoherentes sin sentirse estúpidas, infantiles o desubicadas y que por sobre todas las cosas jamás me atacaron con esa típica cara de auto superación, muy fingida por cierto, como si me atraparan comiéndome los mocos justo cuando me querían presentar a sus padres.
Así es amigos, debo confesarles que es el impacto de la mirada femenina el que termina develándome a esta altura de mi vida el, a veces, intenso estado de inmadurez en que me encuentro sin que pueda evitarlo, y pese a que me sienta mas joven de lo que soy, de cierta manera siempre alguna de ellas se las ingenia para sumarme otro puñado mas de años a la cuenta o se regocija recordándome los que ya traigo encima sin que yo pueda hacer nada y con el único e inconfundible fin de que siga "madurando".

Artificios de pobre.

El tiempo lo había acostumbrado a arreglarlo todo, y claro no eran tiempos como para andar derrochando dinero en equipos costosos o firuletes innecesarios que acrecentaran el valor de compra de cualquier mamarracho con luces de colores. Con un viejo equipo usado bastaba para escuchar una y otra vez los viejos clásicos del tango, algún disco de Serrat y a veces rock o jazz, según el ánimo lo dispusiera. Y fue esa misma semana de la compra que la conoció a ella, a Lucia, blanca, alta, de ojos claros y mirada triste. Creo que salieron a cenar o a bailar y seguramente acordaron volver a verse lo más pronto posible.Esa noche él llego a su casa muy cansado y las canciones de Gardel sonaron mejor que nunca, con una especial emoción entraron en su alma de una manera imprevista.

- es el amor- pensó.

Lucia lo volvió a llamar, quizás un miércoles, lo mas probable es que salieran al cine o al teatro pero eso no importa demasiado y en algún desliz de la conversación alguno de los dos trajo el tema, unas sonrisas cómplices y como si nada, acordaron ser fieles, se celaron un poco por alguna de las las amigas de él y quizás por aquel compañero de trabajo un poco molesto que tenía ella y finalmente terminaron siendo novios casi tácitamente. El tiempo paso, luego el tiempo paso mas rápido, y a los tres meses se desataron los primero escollos. El equipo de música comenzó a tener algunas mañas que antes no tenía. Para ser mas exactos, ahora para que sonara bien había que mover ciertas palancas del costado y bajar algunos tonos y recién ahí, casi como magia, acudían respetablemente al oído las melodías. Lucia sabia que su mal carácter no era razón para dejarlo.

– es cuestión de tolerancia- se decía – ya se le va a pasar ese mal humor.

Dos meses después la relación se había establecido mejor, el equipo mantenía sus mañas pero sonaba y la noche era más liviana en invierno cuando él y Lucia se acurrucaban juntos. Pasaron cuatro meses mas y el tocadiscos dejo de funcionar, excepto que se le pusieran unas monedas pesadas en una de las partes estrategicas y se girara con fuerza por un rato hasta que el motorcito interno de la maquina tomara velocidad. La radio y el reproductor de cassetes tampoco servían desde hacía ya unas dos semanas, pero igual el no los utilizaba casi nunca así que no le molesto demasiado. Algún día de estos, prometía diariamente abrirlo para arreglar por completo aquellas imperfecciones, aprovechar para limpiarlo, quitarle el polvo y quizás cambiar alguna que otra pieza.
Una noche de primavera llego temprano a la casa que hacia poco tiempo compartia con su novia Lucia y la vio llorando en el living sin razón aparente, no le pregunto nada, prefirió irse a la cama, estaba cansado y solo pensaba en escuchar algo de jazz en cd antes de dormir. Esa misma noche después de varios intentos, movimientos raros y una serie de golpes rotundos, la compactera dejo de funcionar definitivamente. Ya no pudo encontrar ninguna señal en el viejo aparato musical, reviso las conexiones eléctricas pero no tenían ningún problema y finalmente se convenció de que ya no había mas nada que hacer por ahora.

- Pero si hasta hace poco esto funcionaba fenómeno.- grito fuerte – debe ser la electrostática o alguna maldición anónima.

Desenchufo la tele y todos los demás aparatos de su habitación pero era irremediable, el equipo completo con doble cassetera, cd, radio y tocadiscos no emitía sonido alguno.Se sentó en el suelo y encendió su ultimo cigarrillo que llevaba medio roto en el bolsillo de atrás del jean.

- en el fondo siempre supe que este momento llegaría-.

Era un poco tarde y tenia que dormir, algunos objetos parecían faltar a su alrededor pero no le dio importancia porque estaba furioso por no poder escuchar su música. Justo entonces entre pitada y pitada Lucia agarro sus valijas, se dirigió hacia la puerta del departamento que ya no compartían y la cerró despacio desde afuera, sin decir una sola palabra para no molestarlo. Era muy tarde, estaba de mal humor, sin cigarrillos ni música y para colmo, mañana tendría que tratar de arreglar ese bendito equipo de sonido de alguna manera.

Tres caminos.


Tres caminos o de aquel cuento medio raro que ofrece la posibilidad de ser leido de tres maneras:

1- Todo de corrido.
2- solo las partes en negro.
3- solo las partes en rojo.

Maldito el día que me prestaron ese libro. Mariana venía hablándome como hace una semana de todas aquellas historias pero sin contarme mucho, para que me interesara y terminara pidiéndole más datos. Pero a mi leer no me gusta tanto como mirar televisión o andar en bicicleta o en todo caso comer un buen asadito, como si estas cosas tuvieran algún vinculo entre si.
Todo sucedió de manera gradual, un día decidí no pisar mas los elementos metálicos, esos que creo son de agua que están en las veredas, luego no podía cruzar la calle sino era por la mitad de cuadra y un segundo antes de que el semáforo de la luz verde casi como adivinando. Después opte por hacer desaparecer de mi camino a todas las líneas de las baldosas, mas tarde a las lisas y termine caminando por el costado de la calle sin importar la hora, claro que siempre esquivando los pozos y demás imperfecciones. Sin embargo eso no era nada, salir a la puerta de calle era lo peor ya que de una manera u otra tenia que pisar la vereda de mi casa, por eso y como única excepción a las reglas opte por solo pisar un grupo selecto de no mas de 10 veredas que cubrieran los menesteres básicos de supervivencia, es decir el trabajo, el supermercadito chino y la casa de algunos amigos. Toda esta situación como podrán imaginar trajo algunos otro inconvenientes graves. La franja horaria para poder salir a divertirme a algún lugar iba desde las 15 hs hasta las 22 hs, pero como cada vez se hacia mas difícil esquivar los obstáculos opte por no salir mas de mi casa, salvo que surgiera alguna emergencia. Perdí algunos amigos, otros cada tanto pasan por casa, pero los atiendo desde la puerta por temor a que acarreen los gérmenes de la calle y los depositen en mi casa. Sin ir mas lejos el martes pasado una vecina se quedo sin teléfono y tuvo que usar el mió, la hice pasar pese a que no podía disimular mi miedo y una sensación de asco, por eso desde ahora solo uso la computadora para hablar con el afuera porque al teléfono lo tuve que tirar, como imaginaran no me quedaba otra opción.
Ahora que analizo con mas tranquilidad mis últimos meses de vida llegue a la conclusión de que todo comenzó con Mariana y su tediosa obsesión por que leyera lo que ella había leído, lo que en definitiva me trajo hasta esta situación.
Todavía recuerdo como ese libro perturbador llego a mi como no debería haber llegado y sorpresivamente cambio radicalmente mi forma de ver la realidad, fue algo así como una trompada en el abdomen bien puesta, o aun mejor, como cuando uno se encuentra con alguien al que hace mucho tiempo que no ve pero que en realidad no le cae muy en gracia y sin quererlo, o a propósito, después de alejarse unos pasos para seguir con su día, uno termina comparándose según como le fue en la vida con aquel casi desconocido. De alguna manera extraña una comparación absurda, necesaria o inevitable suele surgir despues de estos sucesos aunque todavía no se muy bien porque sucede casi como si se tratara de un acto reflejo.
Por otro lado es cierto que en los últimos meses baje algo de peso, lo que pasa es que desde que abandone la carne y las verduras, la fruta fresa de color rojo pese a ser muy rica no logra saciar mi apetito. No importa, no importa, ya esta a eso por ahora lo compenso con Coca Cola y chocolates de menta importados de Alemania, pero me pregunto hasta cuando podre aguantar. Actualmente mi entorno se convirtió en esta silla marrón en la que escribo, una mesita azul y mi computadora. Pero paremos un momento que no me quiero ir del tema. Fue ese viernes por la mañana que Mariana me entrego aquel libro antes de que nos fuéramos a visitar a unos amigos, me acuerdo de cuando todavía no me importaba demasiado donde pisaba al caminar o como estaba preparado lo que comía, yo lo agarre lo metí en el bolsito rojo donde llevaba los botines, así como así, prometiendo leerlo esa misma noche con un entusiasmo un poco fingido para calmarla a ella y su emoción evidente.Esa noche al llegar a casa abrí el bolso sin ninguna intención de leerlo, solo quería ojearlo un poco, sin embargo el titulo del cuento me atrajo y termine leyendo casi por azar.
Ahora que pasó el tiempo desde aquella perturbadora lectura en la que quede completamente poseído por aquellas palabras, reflexiono y me siento mas convencido de que no pienso salir más de esta habitación. Allá afuera hay muchos peligros inminentes, muchas maldades y fantasmas acechando, y solo espero que esta maldita enfermedad literaria como me dijo el doctor que se llamaba se me pase prontoya que de lo contrario las cosas se irán complicando todavía mas.
Ha casi me olvido de decirles “Casa Tomada” era el nombre del aquel cuento.

Domingo macabro.

A las tres de la tarde el cuerpo demacrado de Mauricio solía tomar mates en el patio central, su difunta esposa Maria balbuceaba una suerte de insultos desde la cocina y sus dos pequeños hijos, Marta y Raúl, ya pudriéndose de cuerpo entero corrían por las habitaciones escondiéndose de la mirada paterna. Era una hora justa, especialmente los domingos, para descansar de la rutina, para pudrirse al sol con absoluta tranquilidad, dejar correr las horas y descomponerse en silencio, sentado esperando la nada entre mate y mate. Después había que levantar las piernas, moverse lentamente entre las macetas y regarlas sin ganas, pensando en cosas, y todo era como entrar en un estado sin tiempo, donde los minutos corren sin prisa ni la más minina noticia de su existencia. Y Mauricio empezaba a pensar mas profundo, preguntándose cosas y respondiéndose instintivamente.
El calor quemaba duro a esas horas, pero la fidelidad al mate era una cuestión sagrada. Mas tarde el tío Tito de la Chacarita con un gran paquete de facturas.

- Maria calentate una pava mas.

-Ya va, ya va, pero porque no calmas a esos mocosos…chicos déjense de joder por el amor de dios.

Y el olor a podrido se hacia mas pesado, los miembros caídos en todos los rincones iban dejando huellas por las pisadas y manchando las baldosas. Entonces la rutina de Maria, que puteaba con insultos nuevos que le gustaba inventar porque sabía que tendría que limpiar la mugre hasta tarde, era gracioso ver como a veces no resistía y se reía de sus propias creaciones, ocultándose un poco con las manos para no perder esa autoridad magistral que tanto trabajo le costo entablar. Y mientras ella saludaba sin saludar a Tito, con una extraña cordialidad que solo ellos podían frecuentar, se paseaba con la escoba y un trapo sucio de un lugar a otro mirándolo todo de un solo saque.
Así eran los días en aquel pequeño mundo inventado por Mauricio, un eterno domingo a la tarde de un verano con 40 grados, viviendo en un universo paralelo lleno de ausencias. Y ahí esperaba él que llegara la última hora, la hora de pudrirse definitivamente junto a sus seres queridos... para el resto del mundo ya era tarde y la enfermera, ajena a toda esta realidad diferente mientras apagaba las luces del pabellón del neuropsiquiatrico, ya cansada, pensaba en que podria llegar a cocinar esa noche al volver a casa.

Un adios.

Una voz intranquila me dice que no debo escucharte ahora, que espere otro tren y me calle la boca aunque duela morderse los labios, aunque sangre en el intento. Me miro de reojo en algún espejo y no me encuentro, quiero creer que vos estarás hablando de mí por otros nuevos rincones, cansada como siempre, especulando cosas y revisando estrategias de planes ya infructuosos que solo ayudan a contaminar más tu alma. La ecuación de los días después ira marcando despacio el destino que nos toque, y se que con una luz oscura y perfecta alguna otra esperanza estará esperándome agazapada en alguna calle de algún barrio.Es el alma de las cosas que me rodean lo que me ayuda a comprenderte sin hacerlo, y las sensaciones extrañas me encuentran jugando a la víctima que aguarda la puñalada trapera sin sentirla demasiado, como una suerte de alivio ante la larga espera. Mas tarde el incendio en mi mano, quemando tabaco sin cesar, las corridas y el aliento a vino barato inundando el lugar, mi lugar, que alguna vez pensé que tanto querías, ahora sera mi cobijo. El tiempo hará el resto y con unas cuantas dosis de desvelo esta “cosa”, porque no encuentro otra manera de nombrarla, se ira diluyendo. Me estas matando linda, y lo sabes mejor que yo, pero que puedo hacer.Así están dadas las cosas, el zapato apunta a la puerta de salida y mi cuerpo no tiene otra cosa mas que seguirlo sin pensar.

Los juegos.

Cuando era chico me gustaba jugar a contar distancias. Cierto día comprobé que camino al colegio había mas o menor 563 pasos que sumados a los 44 y medio que llevan al aula de arriba, por entonces la mía, suman 607, de allí hasta el baño hay 16 largos estiramientos de pierna y 233 trotes hasta el quiosco de la esquina, sin contar la escalera de mármol. De allá a la iglesia unos 250 pasos mas y de ahí a la casa de la chica que me gustaba, Carla creo era su nombre, solamente 2238 pisadas cortas, lentas y llenas de un temor demasiado sin estrenar. Y mientras caminaba con mi metro veinticinco por esas calles hoy casi irreconocibles, quizás pensaba en comprar alguna golosina, seguramente planeaba ir a la tarde a jugar al fútbol con mis amigos o recorrer el barrio en bici. Hace ya muchos años que no veo a alguien armar barquitos de papel con envoltorios de chocolates, servilletas u otros materiales nobles, tocar un timbre y salir corriendo, o hacer durar una apasionante cruzada de escondida por mas de una hora y media.
Parece que llamar por teléfono jugando bromas a un extraño haciéndose pasar por vendedor de avon que entrega premios y remata el chiste con una rima chusca, conducir una bici con los ojos cerrados y abrirlos de cuando en cuando para no caerse, viajar en colectivo cantando una canción, hacer una vertical o recolectar objetos rojos en la calle para pasar la tarde creando una suerte de tesoro, ya no son prioridades para el niño contemporáneo. Lógicamente es así y sospecho, por no decir que reconozco, que soy yo el que se esta poniéndome viejo y quizás un poco nostálgico. Para serles sincero ya no recuerdo la cantidad de tiempo que me separa de mi ultima vuelta carnero en el piso, de la ultima indigestión de caramelos y helado, ni de la aventura de trepar árboles o postes de luz.
Ahora que sentado aquí recuerdo el pasado por el camino aquel de la memoria puedo ver que se acerca a visitarme la razón, como una oscura compañera que me canturrea cosas al oído diciéndome que es lo correcto, lo apropiado para cada ocasión, y justo ahí comienzo a entenderlo todo. Es por eso que garabateo estas líneas tal vez como un ultimo grito de auxilio ante las obligaciones y deberes diarios. Sin embargo, todavía siento una fuerza ajena que en tono juguetón me tienta en la otra oreja y me dice que corra al zoológico a comprar unos copos de nieve, o me escape a alguna de las ultimas calesitas de alguna plaza, me pegue una vuelta por el tobogán y las hamacas y me indigeste con unos cuantos panchos con chocolatada, claro que tomada con pajita para hacer burbujas cada vez mas gigantes. Se que todo esto tiene que suceder rápido, cuanto antes mejor, porque la razón tiene una voz mas firme, se hizo muy estricta y esta punzando cada vez mas fuerte, además si llega a enterarse que estoy dispuesto a realizar todo esto, bueno, la cosa se puede complicar ahora debo aprovechar a desobedecerla sino después pude que sea demasiado tarde para intentar seguir jugando.

En la busqueda.

No se produjo contacto, no se miraron ni se presintieron, pero se odiaron en perfecto disimulo y hasta con una cordial indiferencia. Los rastros invisibles de sus desencuentros flotaban perdiéndose en el viento, por la ventana de roble que conducía a la calle mojada y fría del barrio de Boedo. Sus nombres no importan demasiado, el era alto y sereno, ella pequeña e intranquila. Me parece que se soñaban con frecuencia, especialmente en primavera, y hasta creo que alguna vez se mataron allí mutuamente con gritos y cuchillazos reiterados que se introducían con melodiosa sincronía en sus tripas, perpetuamente, sin que pudieran tumbarse jamás el uno o el otro. Una voracidad precoz acompañaba sus deseos de aniquilarse, pero no se atrevían a buscarse entre las gentes por temor a reconocerse. Sus rostros bajos y ausentes jamás se posaron tranquilos en ninguna mirada por demasiado tiempo, pues la desconfianza pronto los invadía y temían ser descubiertos si alguien llegaba a desenmascarar sus torturadas almas de presuntos y futuros asesinos. Malestares y tristezas todavía los acompañan, acoplándose en acordes confusos que siguen buscándose sin ganas ni opción, para completar la amarga sinfonía del final del juego, el juego de la muerte.