Una mujer de corta edad juzgo al oído de una señora gorda con cara de perversa las soledades del cristal y las molestias ocasionadas por su ignorancia, una curiosidad se instalo en el sobrio aire a cultura y las disculpas estuvieron de mas en aquella tos del señor de adelante.
- Deben ser la falta de ideas - dijo el doctor Quesada a su esposa.
Entonces el escultor entendió que no era correcto trabajar con publico mientras moldeaba el mármol, que era mejor mantenerse en la soledad de su estudio y no brindar mas espectáculos de esta índole. Pero era tarde y de a poco la tribuna empezó a descontrolarse, a hacer pedidos extravagantes y lo que comenzo siendo una voz callada y tímida termino en gritos y cánticos subidos de tono.
Unos pedían rapidez, otros precisión, que le sacara un poco mas del sobrante aquel a la derecha o a la izquierda, y asi todos empezaron a opinar mas fuerte y a discutir sobre la conveniencia de utilizar lineas mas puras o trazos mas imperfectos. El artista siguió a pesar de todo.
A su vez y enfermo de ira el Dr. Quesada se levanto y reclamo en honor a su prestigio y buena familia que le permitieran cortar las partes pudendas de la pieza artística después de haber sido aplicadas rigurosas mordazas de una tierna seda hindú en la boca de mármol a la mujer, todo de un solo golpe certero con un bisturí de hierro caliente que eliminara definitivamente los pechos de su anatomía, que a su entender resultaban muy impudicos y tan poco recomendables para la familia y las buenas costumbres.
- Esto es inmoral- gritaba la anciana sentada al frente, para ver mejor de cerca, buscando con la mirada y los gestos la complacencia de los demás espectadores.
El trayecto último del artista y sus manos cansadas quebraron el aire que interceptaba la afilada hoja del cincel y el cuerpo inerte de la escultura en dos oportunidades, se sintió un sonido similar al de la muerte, un olor a alcohol y finalmente la caída interminable de dos de los trozo de aquella hermosa figura humana que rebortaron tres veces en el frió piso de mármol.
- El show ha terminado para siempre, retirense ahora- dijo el escultor sin que nadie lo escuchara en el medio de la batalla librada, mientras salia del salón abucheado y recibiendo los incontables impactos de diversos objetos contundentes.
Todos los concurrentes se fueron indignados esa noche. Entre insultos y agravios, entre golpes y malestares dejaron vació el salón y un poco mas tarde un señor encargado de la limpieza recogiendo la basura encontró a los brazos de la Venus mas muertos que nunca llorando de risa en el suelo.
Se los llevo como souvenir.
1 comentario:
Llego desde Cuentos mínimos ... espectacular lo que aquí encuentro !
Felicitaciones por tu trabajo y saludos ...
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