Lamentablemente no ocurrió lo esperado ya que fue moldeado torpemente por unas manos equivocadas, manipulado como un billete de dos pesos hacia caminos oscuros, alejado de las prioridades y los libros y los juegos. Entonces claro, como era de sospecharse, vino la decepción, se acumularon los años, el ritmo amargo de las noches, la vida aplacada y los amores conformistas y todos juntos alineados en el campo de batalla fueron poco a poco durmiendo dulcemente lo que quedaba de las ilusiones.
Y fue ayer cuando un mortal paro cardiaco lo atrapo todavía demasiado joven sentado en una oficina azul calcando los sueños ajenos de un jefe inoperante, y en su ultimo aliento de esperanza, quizás un poco avergonzado, llego a sorprenderse mucho de la innumerable cantidad de cosas que no había hecho y que nunca llegaría a ser, comprendiendo fatalmente que las palabras “hacer” y “a ser” suenan igual en los oídos de quienes las escuchan, a pesar de sus grandes diferencias y tan distintos significados.
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