martes, 21 de agosto de 2007

Diosa

Tranquilas y serenas corren las luces del día, unas veces agrandándose otras estiradas, creando sombras y moldeando figuras en las veredas mientras ella se distrae con cualquier cosa. Las calles fluyen como dentro de un poema dibujando historias a la par del tiempo, que aunque aprendió muy bien a disimularlo siempre sabe adonde va y ahora la ve correr con su cuerpo a cuestas al doblar la esquina, justo cuando un viento al encontrarla le confiesa con cierta tristeza de tango alguna frasecita de arrabal al oído.
Mientras tanto avanza el corazón de la dama a destiempo, latiendo entre baldosas calientes en búsqueda de algo parecido al amor que no es amor, de una suerte de locura que no llega a la locura. La certeza de seguir caminado entre las sombras del día en repetidas articulaciones la motiva, sabe que en el fondo de todas esas almas que la rodean y pretenden ser frías y calculadoras se encuentran escondidas las llamas de alguna pasión adormecida y tal vez olvidada.
Era una pintura su voz, un rebote de color dibujado en la retina sus gestos y con ese distinguido paso doliente creaba un universo en los reflejos de las vidrieras mirándolo todo y jugando con los nombres de las cosas. Una bufandera gris combinada con una picadillata enrubandizada y la mesa desordenada de un cristalido rufoso la miraban desde el otro lado de la acera antes del refrebor, mientras tanto ella escribía en un cuaderno rojo todas esas miradas perdiéndose en algunas mas que en otras.
Cada cosa con su dibujo delicadamente estructurado en un costado.
Un floritorio rojo con su furicunda frutalidad en el centro desparramando olores que seguían sin descanzo bailando disimuladamente sobre la calita y otra vez ausente de todos y tan metida en la cosa, ella seguía meta y meta desdibujar la realidad en las hojas de su mundo, siempre contenta, participando y haciendo mas llevaderas las historias de las siempre tan movidas y selectamente concurridas calles del Olimpo.

1 comentario:

La viuda del ciclista dijo...

Es un texto largo para estas horas. Copy-paste en archivo de escritorio. Leo y después regreso con la conversa del texto.
saludos.

También ocurre para mí, esa aproximación con el otro através del silencio. Es tan cierto, que el silencio sabe decir mejor.